Mamá

Hijo mío, 

ahora que estás a punto de nacer, quisiera contarte un poco sobre tu mamá. Debo decir que, de los dos, ella es quien llevó la mayor parte del embarazo. No te creas, para algunas cosas fui útil mientras estabas en su panza: lavar los trastos, tender la cama en la mañana y sobre todo acomodar las almohadas antes de que tu mamá se durmiera. Fuera de esto, podemos decir que el cuerpo de tu mamá llevó todo el peso del embarazo, al menos hasta el día de mañana. A decir verdad, incluso la fecha de alguna forma fue elegida por tu madre: quería que nacieras el mismo día que san Darwin. 

San Darwin en el Museo de Historia Natural


Pero no son las únicas razones por las cuales me pareció pertinente escribir sobre ella. En muchos sentidos tu mamá es admirable. No se trata solamente del peso que llevó consigo por casi 39 semanas (aunque debo decir que nacerás con una masa de tres kilos y medio aproximadamente, que no es poca cosa), es su humor ante la cotidianeidad, su sentido crítico ante la actitudes negativas, su decisión frente a las aventuras y su amor incondicional. Si bien recuerdo con enorme gratitud los 11 años que he pasado con tu madre, creo que los últimos han sido los mejores, tan llenos de amor, de carcajadas, de lágrimas también, de diversión y riesgo, de sentirnos perdidos o como pez en el agua, de estar entre familia y amigos o estar solos en pareja, de ruidos y silencios, y ahora tan llenos de vida. Cómo no estar agradecido si a partir de mañana tú mismo comprenderás la alegría de compartir un tiempo y un espacio con ella. 










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